El verdadero "genocidio" es el que se perpetra contra el significado de las palabras. Al
calificar de genocida una guerra con un alto número de bajas civiles, pero en la que se
toman medidas, aunque imperfectas, para minimizar el daño a la población, se despoja
al término de su poder de condena, haciendo que pierda su peso moral cuando sea
necesario denunciar un genocidio real. Esta distorsión del lenguaje no solo es una falta
de respeto a las víctimas del Holocausto, de Ruanda y de otros genocidios históricos,
sino que también es una herramienta de una campaña de odio que parece no tener fin.
La instrumentalización de la historia y el nacionalismo palestino
La campaña actual de antisemitismo se apoya en una historia simplista y sesgada que
ignora las complejas circunstancias históricas. Es crucial recordar que, durante el
dominio del Imperio Otomano y el posterior Mandato Británico, el nacionalismo
palestino como lo conocemos hoy no existía. La identidad de la población árabe de la
región estaba ligada a una identidad árabe más amplia, no a un Estado palestino
independiente.
Cuando en 1947 la ONU votó a favor de un plan para la partición de Palestina en dos
estados, uno judío y otro árabe, fueron los líderes árabes y no los judíos quienes
rechazaron la propuesta. En lugar de aceptar la creación de su propio Estado, optaron
por la guerra con el objetivo declarado de exterminar a la población judía. Al no lograr
su objetivo, el Estado de Israel se consolidó, mientras que los territorios asignados a un
Estado palestino quedaron bajo el control de los países árabes vecinos: la Franja de
Gaza fue administrada por Egipto, y Cisjordania fue anexionada por Jordania. En ese
momento, no se escucharon voces reclamando un Estado palestino. En cambio, los
palestinos de estas zonas iniciaron una serie de sangrientos atentados contra Israel.
Este patrón histórico sugiere que la base del nacionalismo palestino, en muchos de sus
movimientos más radicales, no ha sido la construcción de un Estado, sino el rechazo a
la existencia de un Estado judío. De hecho, cuando Israel se retiró de Gaza en 2005 y
evacuó a sus colonos, la oportunidad para la autodeterminación palestina fue
desaprovechada. Las enormes ayudas internacionales que se inyectaron en la región se
desviaron para enriquecer a los líderes de HAMAS y para financiar su infraestructura
terrorista, en lugar de construir una administración funcional para el bienestar de su
pueblo.
La falacia de la propaganda antisemita
La actual ola de antisemitismo en países como España, fomenta una propaganda
engañosa que ignora la historia y la realidad del conflicto. Se utilizan montajes
fotográficos y videos manipulados para presentar a los habitantes de Gaza como
víctimas pasivas de un bombardeo indiscriminado, condenadas al hambre y a la
desesperación. Esta narrativa, diseñada para conmover a un mundo predispuesto a
creer en la maldad judía, oculta verdades incómodas.
HAMAS, que controla Gaza, ha roto la tregua con Israel en innumerables ocasiones, a
pesar de que este último país suministraba gran parte del agua y la electricidad a la
Franja. El ataque del 7 de octubre de 2023, que incluyó la masacre de civiles y la toma